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LA PARCELA 13a en el Fundo ALHUÉ de CURACAVÍ - CHILE

Una larga historia...

LA PARCELA 13a del Fundo Alhué tiene una historia ya larga que muestra todo un proceso desde la idea inicial, hasta la gestación de una individualidad agrícola que surge de la concepción de la agricultura biológico-dinámica.

EL VERDADERO INICIO.

La historia comienza hace mucho tiempo atrás. Quizá la verdadera iniciadora de esta idea fue mi abuela en los años setenta. Ella tenía una parcelita de tanta diversidad, donde cada espacio tenía una función pero sobre todo cada rincón una historia. Todo había sido hecho con mucho esfuerzo y dedicación y total entrega. Eso se respiraba en el ambiente. Largas conversaciones con ella siendo yo estudiante aún nos unieron en estrecho vínculo de amistad y de trabajo conjunto. Allí empecé mi primera crianza de gallinas ponedoras. Allí empecé diseñando y construyendo los primeros comederos para los cerdos. Allí degustaba la primera y la última de cada una de las frutas disponibles en cada estación, duraznos, frambuesas, nogales, moras de castilla, etc. Allí aprendí a trabajar el campo, a apreciar sus frutos y la generosidad de la naturaleza. Después llegaron tiempos difíciles para Chile entero, pero hice una promesa: volver y gestar un nuevo campo.

Pasaron varios años hasta que en 1984 se dio la posibilidad de comprar el campo de Alhué. En esa época, era todavía un lugar muy apartado de la ciudad y sus comodidades. En este "campo" no había ningún "servicio", ni agua, ni construcción alguna, ni energía eléctrica, en verdad ni suelo pues nunca había sido cultivado anteriormente. Se explotaba extrayendo carbón de espino. En verdad, cuando lo conocí, en el verano de 1986, lo que percibí fue un trozo de desierto. Yo venía de la exuberancia tropical. El contraste fue impactante.

LOS INICIOS DE LA AGRICULTURA.

Este campo tiene tres hectáreas, está ubicado en el valle del estero Puangue, a casi 6 Km. al norte del pueblo de Curacaví, a la orilla izquierda del camino de Alhué que conduce desde Curacaví a Lepe, Carén y Colliguay.

Su clima es cálido y muy aireado durante el verano. En el invierno, en cambio, hay poco viento y en ocasiones fuertes heladas, limitando con ello algunos cultivos permanentes y debiendo proteger la siembra de otros anuales. Sin embargo, el aire es siempre bueno, muy límpido y refrescante al final de la tarde. En las noches de verano, el cielo despejado nos muestra con intensidad sus constelaciones y planetas.

Los suelos al llegar eran muy pobres en materia orgánica, con los años hemos aplicado toneladas de compost para mejorarlo. Son suelos delgados, de poca profundidad, franco-arenosos, con alta presencia de "maicillo", muy erosionable sobretodo donde hay mayores pendientes. Su relieve no es plano, está atravesado de punta a punta por dos "zanjones" que traen agua durante los inviernos, y que le da un carácter a esta tierra, formando muchos bellos rincones y espacios para mantener los árboles del lugar, quillayes, maitenes, espinos, acacias.

El agua, muy pura y llena de vida, nos llega por vertiente subterránea, proveniente de los cerros del oriente. Nos sirve de bebida sin ningún tratamiento previo desde siempre. Esta misma agua se conduce hasta los cultivos, a través de un sistema de riego que suavemente entrega al suelo tan preciado elemento.

Los primeros cultivos fueron de arvejitas en el invierno de ese primer año y de avena. Vino también la plantación de los primeros frutales. Pero el agua disponible ya escaseaba, ya teníamos una noria para extraer agua, pero no era suficiente para enfrentar en buena forma el largo verano. Pero 1987 vino muy generoso en lluvias, fue una verdadera bendición. Pudimos construir dos tranques para almacenar agua de vertiente. Y esto duró hasta fines del año siguiente; todo se regaba por tendido, la avena creció, tuvimos una linda huerta muy surtida, los frutales ya en 1989 daban sus primeros frutos.

Entonces pudimos tener los primeros animales, unos patos, gallinas y el infaltable compañero fiel. A poco andar, con algo más de forraje, llegó "aisha" una preciosa yegua blanca, que poco después nos dio un potrillo, el "flash" porque saltaba como un rayo de un zanjón a otro.
Eran años de construcción de un sueño, los chicos crecían en plena naturaleza, de la "nada" iba surgiendo la vida. Un gran esfuerzo significó ir transformando ese trozo de desierto en un vergel. Esto se logró a través de un tesonero y constante trabajo donde muchas personas contribuyeron con su mejor ánimo y voluntad.

Pero el campo necesitaba aún incorporar áreas que por falta de riego estaban sin poder cultivarse. Eso necesitó realizar una gran inversión en sistemas de riego. Eran principios de los años noventa. La idea era producir en mayor escala alimentos ecológicos para comercializar en Santiago. Sin embargo era una época donde todavía no se conocía entre el público el concepto de lo orgánico. Chile tampoco contaba con ninguna organización de agricultores orgánicos que permitiera apoyarse en las tareas de difusión y distribución. Después de lanzar la idea y buscar los agricultores interesados, se vislumbra la posibilidad de gestar esa necesaria unidad. Una vez más, con tesón y perseverancia, nace Tierra Viva en Chile. Se abre una esperanza, y se trabaja mucho para hacerla realidad.


LA AGRICULTURA BIOLÓGICO-DINÁMICA.

Mientras tanto, había que redoblar esfuerzos en la producción para satisfacer la nueva demanda. Sin embargo, el todo no era producir cantidad, era necesario lograr mejorar significativamente la calidad en todo el proceso. Y aquí surge la posibilidad de adentrarse en la agricultura biológico-dinámica. Ya era la segunda mitad de los años noventa. Y entonces empezó un largo proceso de interiorizarse de las intimidades si puedo decirlo, de la naturaleza. No ya sus rincones físicos, sino mas bien sus recónditos misterios. A veces insondables, pues van más allá de nuestra percepción, más allá del lugar "de manejo" de los agricultores que es la biosfera. Más allá de nuestra concepción habitual del trabajo en el campo. Incluso más allá de los límites de la ciencia convencional. Fue un salto cualitativo, donde en un principio se vivía un lugar que aparentemente nada tenía que ver con el accionar diario del agricultor, pero que decantando ese proceso interior se va logrando unir el allá y el acá en una individualidad agrícola, que no es solo la manifestación de una gran diversidad dentro de un campo.

Siguieron años de reflexión, de estudio y de trabajo. Posteriormente fue posible iniciar una distribución propia de productos en los colegios Waldorf de orientación antroposófica en Santiago. Fueron años muy productivos en muchos planos. Pero nada es eterno en la Tierra y no tardaron en llegar las crisis. Los costos de producción empezaron a aumentar más allá de lo que permitían los precios de venta de los productos. La producción tuvo que orientarse hacia otros rubros como las semillas, o directamente las asesorías en producción orgánica o en compostaje, complementada con los cursos de agricultura. Esos fueron años difíciles para el campo y para las personas que lo acompañaron. Recientemente el alza en los costos de la energía, del transporte, de los combustibles, de los equipos de riego, entre otros, han mantenido la producción de hortalizas en el mínimo, sosteniendo tan solo los árboles frutales y los animales. Sin embargo, hemos querido continuar y perseverar en nuestro empeño por ofrecer los mejores alimentos y lo más variados posible. Por ello, en un gran esfuerzo de difusión, pues en Chile prácticamente el común de la gente no conoce la producción de alimentos que provienen de la agricultura biológico-dinámica, queremos hacer llegar a toda persona que busque no solo el cuidado de su salud sino el bienestar de la Tierra toda, los alimentos que necesita para su despliegue como ser humano.


Estamos en un pequeño campo ubicado en Alhué, Curacaví, donde desde 1986 mantenemos una granja dedicada a la producción de frutas y hortalizas biológico-dinámicas. Su orientación y administración está a cargo de Francisco Valenzuela Schulz, agricultor y consultor en agricultura biológico-dinámica.


Su vocación es cuidar la salud de los seres humanos, de los animales, las plantas y el suelo, porque entendemos que esto es vital para el mundo de hoy.
Para alcanzar esta meta, cuidamos la forma de producir los alimentos, que son el sustento de la salud y la vida. Esto se puede lograr gracias al trabajo con la Agricultura Biológico-Dinámica.


"Que nuestro alimento sea nuestra medicina, que nuestro trabajo sea nuestra terapia"

Proveemos alimentos vivos que dan vitalidad a tu cuerpo y ayudan a transformar la existencia humana en algo cualitativamente mejor. Buscamos acrecentar las fuerzas de la voluntad, sostener el ánimo ante las vicisitudes de la vida y mantener en alto las fuerzas pensantes para realizar nuestra misión de servir.

"QUEREMOS SANAR LA TIERRA Y DAR UNA OPORTUNIDAD AL SER HUMANO"

 

 


Parcela 13 A - Fundo Alhué, Curacaví - Chile

E-Mail: info@fen-bio-dinamico.cl
Sitio Web: www.fen-bio-dinamico.cl